presentacion Actividades

Tecnologías > Biotecnologías

Enviat per adm el dj, 31/05/2007 - 14:54.

Los invitados al mundo
Por Leticia Soberón Mainero, Psicóloga, septiembre 1996

¡Qué paradoja! Mientras se reunían los diez países llamados «Asociados para la Población y el Desarrollo», deseosos de enseñar a otros sus exitosas fórmulas para disminuir la tasa de crecimiento de la población, se avivaba el debate sobre el destino de los miles de embriones congelados y no utilizados en los centros de reproducción asistida. Se han multiplicado estos centros en el mundo, aunque pocas naciones tienen elaborada una legislación al respecto.

Ambos hechos, tanto como sus respectivos orígenes y consecuencias de todo orden, son objeto de intensas polémicas por parte de diversos grupos sociales: científicos, juristas, gobiernos, iglesias, asociaciones de padres, etc. La ética, la economía, la sociología, la ecología, se entrecruzan fuertemente en el tema de la población mundial. En la amplia gama de opiniones al respecto, existen desde los grupos que abogan por no cerrar el paso a los «invitados a la mesa del mundo», y animan a las parejas a tener muchos hijos, hasta quienes desean bloquear los nacimientos por todos los medios, aterrados ante la multiplicación de los seres humanos en el planeta.

Pero hay dos aspectos que aún no he visto recogidos en la argumentación de unos ni de otros. No se trata de calificaciones éticas, que vendrán después, sino de evidencias que pueden ser muy iluminadoras en el momento de tomar decisiones.

1.- Cada persona tiene un principio. Somos un tipo de ser que empieza a existir en un momento dado, antes del cual no está en ningún sitio. Ese momento es el engendramiento o concepción. Mientras no se une un óvulo con un espermatozoo, no ha comenzado el proceso que dará lugar a una persona.

Por ello, mientras no haya engendramiento, si éste se evita, no se impide la existencia de nadie. Los «invitados» son imaginación, pues sencillamente, no existen. La decisión de engendrar hijos es una de las más serias de la vida -como reconocen casi todos-. Se ha de tener en cuenta que el no hacerlo, en sí mismo no comporta un daño hacia nadie. Quienes no existen, no sufren ni pueden sufrir mal alguno.

2.- Ahora bien, una vez que se unen un espermatozoo y un óvulo, y sin entrar a estudiar el estatuto «personal» o no de esa nueva célula en vertiginoso desarrollo, es sabido que contiene el código genético irrepetible y único que caracterizará a un ser humano durante todo su ciclo vital. Un código que lo hace ser él o ella, en su única posibilidad de existir en el universo. De otros genes nacerían otras personas. Precisamente él o ella tienen esa única oportunidad y ninguna más. Este segundo aspecto completa el anterior.

Podemos, pues, considerar verdaderos «invitados» a los que ya están engendrados. Éstos ya han empezado a existir. Por ello resulta -por decir lo menos- un absurdo concebirlos para luego truncar esa que es su única posibilidad de existir. Con más razón son invitados, claro está, los millones de niños ya nacidos, y tantas veces, sin embargo, privados de una vida digna.

En el complejo problema poblacional de la Tierra y en el manejo de la reproducción asistida, convergen multitud de otros aspectos que deben considerarse. Pero las decisiones a tomar no pueden prescindir de las evidencias básicas de la realidad humana.