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Enviat per adm el dj, 31/05/2007 - 15:25.

Ciencia y ética: nuevas preguntas en la era internauta
Por Caterine Galaz

«Nace un niño seleccionado genéticamente…», «primera clonación humana…», «grupo pro-eutanasia pide…», «solicitan regulación a suicidio asistido…», «prohíben el uso experimental de óvulos»… todas estas frases cada vez se vuelven más cotidianas en los medios de comunicación y, aunque parecen dispares, tienen una base común: un cuestionamiento ético entre lo que es el ser humano y el desarrollo de los avances científicos y tecnológicos.

Cuando aparecen en la cotidianidad discusiones sobre la paternidad postmortem, la eutanasia, las intervenciones genéticas, la transexualidad, los trasplantes, entramos en un terreno difícil pero cada vez con más desarrollo, el de la «bioética». Y es que ante tantos logros científicos y en un mundo cada vez más individualizado, aparece en el horizonte la idea de que todo es posible. A la par con las conquistas científicas, ha aparecido un nuevo frente de acción de la ética que pone énfasis en preguntas tales como: ¿debe tener la tecnología sus límites?, ¿dónde comienza la vida?, ¿puede el hombre manipularlo todo?, ¿todo lo que el hombre puede hacer, lo debe hacer?

Los orígenes

El origen de esta nueva disciplina es muy reciente, pero ya a finales del siglo XIX aparecieron algunas voces en contra de Francis Galton, quien se atrevió a promover una teoría eugenésica señalando que se podría mejorar la sociedad con la procreación de los «mejores» de cada estirpe.

Al pasar unos años, comenzaron a promulgarse, sobre todo en Europa y Estados Unidos, leyes que permitían prácticas eutanásicas y esterilizadoras, hasta llegar al aberrante programa Aktio T4, de Hitler, desarrollado en los campos de concentración con el fin de mejorar la «raza aria». Fue la Segunda Guerra Mundial la que dejó al descubierto cómo los avances científicos podían tener un acento perverso: sólo basta ver las consecuencias de la tragedia de Hiroshima y Nagasaki y los brutales experimentos médicos de Auschwitz con judíos, comunistas, discapacitados, gitanos, artistas, intelectuales y homosexuales.

A partir de allí –y en medio de un clima cuestionador frente a la omnipotencia de la ciencia– el científico holandés hoy afincado en Estados Unidos, Van Ransselaer Potter, publicó el libro Bioética: un puente hacia el futuro, donde proponía el desarrollo de una nueva disciplina que lograra combinar el conocimiento de la biología con los valores éticos y humanos.

Bioética on line

Sería un contrasentido que quienes están más preocupados por el avance de las ciencias y las tecnologías y sus consecuencias no hubieran desarrollado también sus planteamientos, utilizando uno de los avances tecnológicos más importantes de nuestra era: Internet.

En la red los expertos tanto del mundo anglófono como del europeo se esfuerzan por establecer recursos jurídicos, médicos, filosóficos y teológicos para argumentar la necesidad de aplicar una ética a los procesos científicos. Pero considerando que un número creciente de personas viven según criterios no religiosos; es importante conocer en qué coordenadas se mueven los debates en este campo. Así por ejemplo, dado que la red es un espacio abierto, también entre sus vértebras, se pueden encontrar bajo ideas supuestamente «bioéticas», defensas al aborto, a la eutanasia, a la fertilización in vitro... El mundo científico centra la ética en una base pragmática. No obstante, hoy se debe elaborar una bioética, al menos de mínimos, basada en el bien de la persona.

Poco a poco los expertos han intentado responder estos interrogantes. Por un lado, desde el mundo angloparlante se analizan los alcances de la ciencia a partir de sus finalidades; mientras, desde Europa, el análisis tiene la defensa de los derechos fundamentales del ser humano como piedra angular. De esta manera, se pretende demostrar que el hombre no debe hacer todo lo que puede hacer. Las temáticas que más han sido desarrolladas en la red, en el último tiempo, tienen que ver con la clonación, la genética, la fecundación y la lucha experimental contra el Sida y otras enfermedades.

Sea del referente que sea, lo importante es que desde frentes diversos se están analizando las consecuencias y límites del desarrollo de la ciencia. Comienzan así, a aparecer respuestas desde el ámbito de los valores, pese a que nacen de espacios tan asépticos como la medicina o la tecnología. ¿Cómo tratar a la especie humana?, ¿cómo utilizamos la naturaleza?, ¿qué significa el progreso?... son preguntas abiertas, que poco a poco se intentan responder desde la bioética.