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Enviat per adm el dl, 11/06/2007 - 10:58.

Médico de familia nuevamente
Cena-Coloquio 29, Barcelona (España), junio de 1986

Propuesta para el diálogo: Alfredo Rubio de Castarnelas

Esta Cena Hora Europea quiere ser un vivido recuerdo y homenaje al Dr. Jordi Gol, tratando un tema muy entrañablemente suyo. Él escribió: Hoy no sabemos muy bien qué es ser médico mientras nos vamos volviendo estrictos técnicos y nos olvidamos del hombre. A él, le gustaba definirse médico de personas.

Hoy se está produciendo la resurección del médico de familia como un avezado y cordial director de orquesta de este concierto -o desconcierto- de tantos especialistas y especialidades. Se le pide que provea globalmente al enfermo; que escuche, ausculte, su profundidad humana. Que sea al mismo tiempo preventólogo e intensificador de la misma salud; que conozca no sólo al paciente, sino también su entorno.

Y sin escamotearle la muerte. Nuestro amigo ayudaba a aceptarla: (...) asumir esta condición mortal revitaliza todos los problemas. La actitud ante la vida resulta entonces completamente nueva: se juega. Tan aferradamente como jugaría un amateur combatiendo por los colores de su equipo, pero sabiendo que cenará tanto si gana como si pierde. Al enfermo que le pregunta que si su enfermedad es grave, le dice: Aunque no sea grave la enfermedad que ahora padece, la muerte, la tiene bien segura. Es bueno que comience a hacerse cargo ahora de que lo puede pensar sin traumas.

Y es que por debajo de los fenómenos psíquicos y somáticos y sus interrelaciones, hay todavía unas corrientes más profundas en el ser humano, que son factores etiológicos también de enfermedades. Una agorafobia óntica a sentirse contingente enemigo del universo. Un, antes, no era; más aún, podía no haber estado nunca (p. e. si sus padres no se hubiesen conocido). Y, de uno mismo, si es visiblemente mortal. El yo busca dónde aferrarse. Cómo el débil que necesita apoyarse contra alguna cosa para no caer, así el yo muchas veces está contra todo; padece un permanente y adolescente contraísmo.

Otras veces intenta poner remedio, intrínsecamente, a su precario ser:

a) Engrandeciéndose orgullosamente, haciéndose divino gracias a vanas filosofías panteístas, emanantistas, o creyéndose de sí, eviterno, sin posible aniquilamiento.

b) O acumulando bienes o conocimientos como para tener más densidad.

c) O exacerbando el egoísmo para no malgastar con otros nuestra limitada capacidad de amor.

Se podrían añadir muchos otros proclives trastornos del ser como un contingente.
El Dr. Jordi Gol, teniendo en cuenta lo que se ha dicho anteriormente, define la salud en el Xè Congrés de Métges i Biòlegs de Llengua Catalana como una realidad dinámica más o menos presente en la vida del hombre según que éste se realice más o menos.

Estas alteraciones que afloran en el nivel psicosomático desde lo más profundo, no son objeto de tratamiento por meros psicólogos. Tampoco por maestros del espíritu que se sitúen en niveles de sobrenaturaleza basada en teologías y éticas correlativas; cosa legítima, pero que es otra cuestión.

Requieren una tarea inmanente, propia de una Medicina que, por global, es también ontológica. Propio es que la cultive, más que ninguno, el médico de personas, el médico de familia, que conoce mejor que otros aquella profundidad y aquel entorno de sus clientes.

Sosegando la plaza mayor del ser, se conseguirá que el sujeto: a) Acepte por completo su contingencia, hasta con el límite de su mortalidad. A nivel de hombres, sólo los que no existen no mueren; b) Que, o es este ser humano concreto, con todas las consecuencias, simplemente, no existiría nunca.

Así se posibilita la integración de este con-saberse que es la médula del yo de las personas. Sobre esta base -sólo es la base, pero necesaria-, el neomédico de familias podrá construir, como en terreno firme, toda su permanencia de su, no fácil pero gustoso, quehacer médico, tanto sobre el individuo como sobre su primer eslabón social, que es precisamente, de ordinario, la familia.