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Enviat per adm el dl, 11/06/2007 - 12:43.

Nuevos objetivos de humanización hospitalaria 

Cena-Coloquio nº 149, Barcelona (España), mayo de 2005
Propuesta para el diálogo:

Por José Mª Forcada Casanovas

El concepto de hospital se inicia en el momento en el que se crea la necesidad de buscar un lugar para acoger al que estaba agobiado, sin fuerzas, herido o enfermo. Es lo que hacían los hostales de peregrinos, las casas de salud o las casas de locos, que cubrían unas necesidades determinadas. 

En el momento en que irrumpe la medicina tecnificada, más científica, se van creando centros especializados con un personal preparado para que al enfermo se le pueda tratar con la máxima calidad. Se aplican los descubrimientos de la medicina clínica, de la farmacología o de la física. Por otro lado, la cirugía como ciencia ocupa un lugar muy importante en el campo sanitario. Por ejemplo, en lo que respecta a transplantes o a la implantación de prótesis. También el conocimiento del contagio por microbios o de virus contribuye a un gran avance en la atención del enfermo. 

No obstante, si bien la evolución científica tiene este lado positivo, por otra parte, promueve un estilo concreto de atención al enfermo: se pasa de atenderle con actitudes de buena voluntad a proporcionarle una asistencia tan sofisticada que la persona, a veces, queda demasiado subordinada al propio tratamiento; una asistencia que a menudo olvida los sentimientos del enfermo, su voluntad o las angustias de los familiares, porque está más preocupada en seguir unos protocolos rígidos y obedecer unas directrices, muchas veces estipuladas a partir de una base económica. 

Quizá, por un extraño paternalismo aún se cuenta poco con la opinión del enfermo. Éste tiene derecho a decidir conjuntamente con el médico. El consentimiento informado, reconocido por ley por el Parlamento de Cataluña en diciembre del 2000, propone una seria participación del enfermo en el acto médico, pero seguramente será necesario ayudarlo a avanzar hacia una mayor implicación. 

Cuando un enfermo ingresa en el hospital, es inevitable que sienta miedo. ¿Podremos ayudar a desdramatizar estas situaciones trabajando por una medicina más de personas que de enfermedades? 

¿Cómo se aplican hoy, en nuestros hospitales, los principios de autonomía, de beneficencia, de no-maleficencia y de justicia? 
¿Se tratan con dignidad y competencia los derechos y los deberes del enfermo o los derechos de las personas en situación terminal? 

El médico, la enfermera, el auxiliar de clínica, el psicólogo, el administrativo, el agente pastoral, el asistente social, hoy, ¿deberían trabajar más conjuntamente para dar respuestas adecuadas al enfermo y así hacer brotar la dignidad de su persona por encima de todo? 

Quizá se deberá redefinir el hospital desde un dinamismo en el que la curación o la defunción entren por un camino gratificante. Por ejemplo, es bueno y necesario tener cuidado de las infecciones, pero también de aquellos aspectos que posiblemente sufrirán el síntoma del desagrado porque nadie tiene tiempo –porque al profesional no le pagan ni está previsto que haga esto– de hablar, de distender el espíritu, de serenar los sentimientos, es decir, de hacer más humana la pesadilla que provoca una cama de hospital.

Resumen de las intervenciones:

August Corominas i Vilardell Catedràtic de Fisiologia Humana de la UAB
Unitat Hospital Germans Trias i Pujol 
Jordi Craven-BartleLamotte de Grignon President del Comitè de Bioètica
de l'Hospital de la Santa Creu i Sant Pau 
M. José Martínez Lapeña Presidenta del Col·legi Oficial d'Infermeria de Barcelona
 Joan Viñas i Sala
Catedràtic de Cirugia de la Universitat de Lleida. Cap de Secció
de Cirugia de l'Hospital Universitari Arnau de Vilanova