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Enviat per adm el dc, 13/06/2007 - 21:18.

Presente de la Bioética
Cena-Coloquio 104, Barcelona (España), enero 1996

Propuesta para el diálogo:
Por Josep M. Forcada Casanovas

La palabra bioética está hoy en alza. Los profesionales de la medicina y de la biología, les guste o no, tienen presente el contenido de este término que actúa como una señal de alerta, y los usuarios de la medicina la ven como una garantía de calidad.

El término bioética fue utilizado por primera vez hace 22 años por Potter, en los Estados Unidos, pero la preocupación por dar una calidad moral al acto médico ya lo encontramos, incluso escrito, en tiempos de Hipócrates (siglo V antes de Cristo) y ha continuado hasta nuestros días.

La ética médica gira principalmente en torno del quinto mandamiento -no matar- de tal forma que el acto médico es considerado en referencia con aquellos valores que potencien la vida y, por tanto, también consideren la vida en si misma como un valor primordial. La ética médica trata, entonces, de una sencilla y pragmática expresión de un principio básico de la ley natural.

Hay que tener presente que el transcurso de los siglos XVI. XVII, XVIII y XIX tenía mucha fuerza la moral católica, eminentemente casuística. Después se da paso a una deontología, basada en la buena praxis médica, y de ahí especialmente en nuestro siglo se pasa a una ética responsable, común para todos los profesionales de la salud, que algunos denominan ética de mínimos, pero que todos coinciden hoy en denominar bioética porque se trata de aplicar, en torno a la vida, aquella calidad moral imprescindible, ante los avances científicos que se han producido desde hace unos treinta años. Recordemos que, con un mínimo de perspectiva histórica, por ejemplo, desde el año 1960 hasta ahora, la medicina ha avanzado mucho más que desde el inicio de la medicina hasta aquella fecha.

Entre los retos bioéticos que ha producido el avance médico está la manipulación genético, la reproducción asistida, diferentes connotaciones en torno al aborto, los problemas alrededor de la intersexualidad, las experimentaciones humanas, la utilización de tejidos fetales, los problemas de neonatos, la eutanasia, los encarnizamientos terapéuticos, tanto antes de la muerte como en situación terminal, problemas en torno al sida, de la psicología, de los drogadictos...

Detrás de cada uno de estos problemas hay personas, y está en juego la dignidad humana, tanto por parte del sujeto activo como del pasivo, es decir, el profesional de la salud y el paciente, pero también se deben incluir los familiares y aquellos que tienen responsabilidades subsidiarias: hospitales, centros de salud, responsables de la economía, responsables de la política sanitaria...

- Pero, ¿se respeta la libertad de cada persona que se encuentra en situaciones de conflicto, cuando este paciente es consciente y responsable?

- El pragmatismo y la eficacia médica, ¿tienen suficientemente en cuenta la dignidad de la persona humana?

- El don de existir, el más grandes de los dones, sin el cual no hay nada, ¿se tiene como un bien supremo?

La palabra bioética está hoy en alza. Los profesionales de la medicina y de la biología, les guste o no, tienen presente el contenido de este término que actúa como señal de alerta, y los usuarios de la medicina la ven como una garantía de calidad.

Nota de Prensa

El desfase entre los avances técnicos o científicos y la evolución de los criterios de ética práctica que hay que aplicar en cada situación, es el punto de partida del tema de la bioética que se planteó en la 104 Cena Hora Europea, organizada por el Ámbito María Corral. El marco de fondo de la inquietud bioética reside en el respeto a la dignidad de la vida de la persona, y a su libertad.

Fue el Dr. Manuel Cuyás, miembro del Instituto Borja de Bioética y profesor de Deontología en la Facultad de Medicina, durante muchos años, quien inició el turno de intervenciones, haciendo un repaso histórico del origen de la bioética, término que se usó en 1971 por vez primera. La bioética, insistió el Dr. Cuyás, tiene un aspecto interdisciplinario e interconfesional, que pretende responder a problemas que ninguna religión ni filosofía se había podido plantear todavía.

La creación de los comités de ética, ya sean de tipo asistencial o de búsqueda, se relaciona directamente con esta necesidad de comenzar a responder a los nuevos problemas creados. En estos ámbitos, hay que dialogar superando los diferentes lenguajes debido a las diferentes disciplinas, y ganar en humildad a fin de quedar abierto y aprender del otro.

La autonomía fue el concepto clave usado por la Dra. Begoña Román, profesora de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona. Esta autonomía del ser humano –que los filósofos del siglo XVIII definieron como la capacidad racional de decisión del propio sujeto para establecer las leyes por las cuales ha de regir su comportamiento–, es la condición de posibilidad de la ética. Será necesario partir de la argumentación racional, es decir, de lo que debo hacer y por qué debo hacerlo. En el caso de la bioética, a fin de que las decisiones éticas no sean ineficaces, es preciso un apoyo de tipo político, jurídico e institucional.

El talante de la bioética debe ser necesariamente universal, lo que no supone cerrarse a diferentes posturas de orden religioso, a distintas formas y proyectos de vida. Así, la autonomía del individuo se vincula necesariamente con la solidaridad o universalidad. Y este principio de autonomía es el que cualifica todo el mundo como interlocutor válido a la hora de participar en las decisiones. Esto no quita, sin embargo, la necesaria delicadeza que corresponde más a una cuestión de actitud que de aptitud.

El psiquiatra Adolf Tobeña fundamentó su aportación en la convicción de la naturaleza moral de la persona, cimentada biológicamente. Es necesario contemplar, no obstante, un tanto por ciento de individuos amorales, debido a la ausencia de la maquinaria cerebral correspondiente, o a la carencia de formación de virtudes morales.

A esta naturaleza moral, el hombre ha añadido instrumentos de progreso como, por ejemplo, las religiones o determinados dispositivos jurídicos, que ayudan a generar bienestar común, respeto individual, atención a la dignidad, a la libertad y a la autonomía. Así, además de hacer ingeniería genética, habrá que hacer ingeniería ética si queremos responder a los nuevos problemas.

El Dr. Jordi Craven, perteneciente al Comité de Bioética del Hospital de San Pablo, donde es Jefe de Oncología Radioterápica, recordó el juramento hipocrático que el hizo al terminar su carrera. Quedaba claro que no había que hacer el mal y, siempre que se pudiera, hacer el bien. Actualmente, sin embargo, se añaden los principios de justicia –por lo cual hay que distribuir los recursos disponibles, y su aplicación resulta compleja–, el de autonomía del enfermo, el de beneficencia, etc. Podríamos decir que si antes había que hacer los mínimos, parece ser que los filósofos éticos hoy piden a los médicos aplicar los máximos.

La bioética representa para el médico práctico una sensibilidad diferente en las actitudes que nos obligan a afrontar la relación con el paciente. Será necesario no olvidar, sin embargo, que si el enfermo tiene sus valores, también el médico los tiene y también debe ser respetado. Las últimas determinaciones jurídicas de nuestro país parecen no conocer suficientemente la complejidad de la realidad médica. Por eso, es imprescindible el diálogo de filósofos éticos con médicos, políticos y juristas.

La bioética tiene un presente vivo que vislumbra un futuro en el que será necesario ir respondiendo a cada una de las nuevas cuestiones que se planteen frente a la dignidad que toda persona humana posee por el hecho de existir.