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BiotecnologÃa y alimentación Me gustarÃa empezar explicando que mi experiencia en el tema de las nuevas biotecnologÃas proviene tanto de mi formación permanente ligada a la investigación y la docencia, como de la experiencia que he acumulado durante muchos años de docencia en la asignatura de Agricultura y Sociedad. Ha sido aquà donde he podido comprender la actitud de los estudiantes sin conocimientos del tema, pero con posicionamientos y opiniones que representan el sentido de la mayorÃa de la sociedad. Las nuevas biotecnologÃas La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en 1982, definió la biotecnologÃa como «la aplicación de organismos, sistemas y procesos biológicos en la producción de bienes y servicios en beneficio del hombre». BiotecnologÃa es cualquier técnica que utiliza organismos vivos para hacer o modificar un producto, para mejorar plantas o animales, o para desarrollar microorganismos para usos especÃficos. Por lo tanto, la biotecnologÃa no es nueva: la propia agricultura, la ganaderÃa, las fermentaciones para hacer vinos, pan, embutidos, encurtidos, etc., existen desde hace más de 5.000 años, asà como la mejora genética por selección natural y artificial. La diferencia entre la tecnologÃa hecha hasta ahora y la actual es que se conoce desde la base misma de la expresión de los caracteres, y puede implicar la transformación a nivel celular o molecular (intervención sobre el material de soporte hereditario: DNA). Por eso, la misma OCDE subdividió las biotecnologÃas indicando que las nuevas biotecnologÃas, eran aquellas «en las que se obtienen o aplican organismos modificados genéticamente». AsÃ, fabricar pan con levadura tradicional es una biotecnologÃa mientras que hacer pan con una levadura modificada genéticamente pasa a ser una nueva biotecnologÃa. Las nuevas biotecnologÃas vegetales incluyen técnicas variadas según la legislación de cada paÃs, pero todas incluyen la llamada tecnologÃa del DNA recombinante (o ingenierÃa genética) que permite, a diferencia de la mejora clásica, poderse saltar las barreras de la incompatibilidad genética especÃfica (entre especies muy diferentes). Normativamente (Directiva 2001/18 vigente desde el 17 de octubre de 2002), un OGM o OMG (Organismo Genéticamente Modificado) es aquel en el cual se ha modificado su información genética a través de la ingenierÃa genética u otras técnicas que, por ellas mismas o en conjunto, no se podrÃan dar completamente de forma natural o espontánea. A efectos prácticos, es posible sacar cualquier gen de un organismo (el hombre, por ejemplo) y transferirlo a cualquier otro (una bacteria, por ejemplo). Si es este el caso, se trata de un OGM transgénico. Pero también podemos cambiar de lugar un gen o introducir un gen de una misma especie y obtener un OGM, pero no transgénico. Se está proponiendo últimamente una nueva terminologÃa para acotar mejor el grado de desnivel evolutivo entre el donador y el huésped del gen: intragénico dentro del mismo genoma; famigénico, dentro de la familia; linegénico, entre especies no emparentadas, y xenogénico, si el gen proviene de sÃntesis en el laboratorio. Los resultados más visibles de las nuevas biotecnologÃas Aunque a nivel experimental y especialmente en centros universitarios y de investigación públicos se está trabajando actualmente para conseguir varios objetivos, lo cierto es que las aplicaciones finales más conocidas son sólo dos casos de OGM: el trigo resistente a insectos barrinadores (Bt) y la soja tolerante al herbicida glifosato. Pero están en camino muchas otras aplicaciones, como la reducción de inputs agrÃcolas y costes (mayor capacidad de los vegetales para incorporar nutrientes; mayor tolerancia a estreses bióticos y abióticos, menor sensibilidad a plagas y enfermedades, sequedad, salinidad, etc.); asà mismo, también se puede conseguir más calidad de productos agroalimentarios para obtener alimentos no deficitarios (como el maÃz con más lisina o cereales con más proteÃna), con menor cantidad de sustancias nocivas para la salud o para usos especÃficos, como aceites más ricos en ácidos grasos poliinsaturados, etc. Finalmente, la vacunación oral a través de alimentos modificados genéticamente para evitar depender de la cadena de frÃo (especialmente en paÃses pobres) puede ser otra de estas aplicaciones. Para la mayorÃa de la ciudadanÃa es desconocido que actualmente más del 96 % de las enzimas utilizadas en industrias agroalimentarias provienen de OGM (por ejemplo, la amilosa con la cual se mejora la masa de panificación para fabricar pan y pastas; células y pectinazas para optimizar la extracción y clarificación de zumos de fruta; amilosa y glucosa-isomeraza para obtener fructosa a partir del almidón y que hoy en dÃa es el 50 % del azúcar de los refrescos de cola más habituales. También aromas y acentuadores del sabor, como glutamat, nucleótidos y aminoácidos como la lisina se obtienen a partir de OGM. En el Reino Unido se utiliza desde hace más de diez años quall para hacer queso, obtenido por OGM (esto, por cierto, fue muy aplaudido por los vegetarianos, ya que asà este queso no contiene quall que proviene del estómago de rumiantes. ¿Las nuevas biotecnologÃas son como las otras tecnologÃas? Una tecnologÃa es una ciencia aplicada, y asà la tecnologÃa utiliza los conocimientos aportados por la teorÃa cientÃfica para su utilización práctica. La ciencia es una empresa del conocimiento que juzga desde dentro, por parte de la colectividad cientÃfica, examinando el proceso de indiferencia (lógica formal), o desde fuera, para los demás, que juzga la ciencia en función de sus consecuencias. Si bien se dice que la ciencia no puede ser juzgada con interferencias psÃquicas (emociones de los cientÃficos o sociales, ideologÃa del cientÃfico o de los demás), la valoración, sin embargo, puede hacerse para los distintos usos de las tecnologÃas, que pueden ser buenos o malos. Desgraciadamente, la responsabilidad que algunos seres humanos deberÃan asumir por el uso negativo de una tecnologÃa se convierte a menudo en culpabilidad de la tecnologÃa misma. Responsabilizar a la tecnologÃa por sus efectos malos es lo que ha generado una percepción pública negativa de la tecnologÃa y, en la medida que la tecnologÃa es ciencia aplicada, esta percepción pública negativa está afectando a la ciencia en general, de forma que la ciencia está perdiendo sus raÃces socialmente, está dejando de ser vista como un motor del progreso social y está pasando a percibirse como fuente de catástrofes. La biotecnologÃa en general, al tratar con seres vivos y poder llegar a la alimentación, no se percibe igual que la electrónica, por ejemplo. Después de la Segunda Guerra Mundial y la demostración del poder destructivo de la energÃa nuclear, a nadie se le ocurrirÃa anunciar un agua, como hacÃa Imperial Vichy a principio del siglo xx, con el reclamo de «radioactiva»; pero es que, en general, la predisposición de la población mundial a finales del siglo xix y principios del xx, ante los avances tecnológicos y el progreso que condujeron a la expansión de las Exposiciones Universales, ha cambiado mucho. Quizá los alimentos transgénicos han sufrido un rechazo similar al que sufrieron otros alimentos en su momento. Los tomates llevados a Europa después del descubrimiento de América, aunque los botánicos y exploradores afirmaban que no eran tóxicos, no se consumieron de forma generalizada hasta finales del siglo xviii, ya que la población los asociaba con frutos tóxicos autóctonos. Efectivamente, el Eurobarómetro ha detectado siempre una valoración diferente de las nuevas biotecnologÃas en función de su aplicación. AsÃ, la población valora negativamente consumir plantas modificadas genéticamente, pero no que la ingenierÃa genética se utilice para tratamiento de enfermedades hereditarias o para la producción de medicamentos. Asà pues, ha proliferado la aprensión a los llamados transgénicos, refiriéndose casi exclusivamente a las plantas que después son consumidas. Evaluación de tecnologÃas: ¿quién tiene algo que decir? La evaluación de las tecnologÃas es un conjunto de métodos que permiten identificar y analizar los impactos de una tecnologÃa, valorarlos y hacer recomendaciones que posibiliten reducir o eliminar los efectos negativos. El modelo de evaluación se basa en conocimiento de expertos. La situación actual, sin embargo, es que la percepción y la evaluación social de los riesgos tecnológicos difieren significativamente de la aproximación hecha por los expertos, que a la vez no disponen de mecanismos para influir en la opinión pública ni en las actitudes sociales ante el uso de determinadas tecnologÃas. Por otra parte, se hace sentir un movimiento de desconfianza hacia los estudios cientÃficos de expertos. Dicho de otra forma, una tecnologÃa no sólo debe ser técnicamente factible, sino que debe ser socialmente viable. CientÃficos y tecnólogos, agentes económicos y administradores públicos, por lo tanto, tienen que ganarse la confianza ciudadana. En este sentido, es necesario destacar la decisión del gobierno sud-africano de segregar las funciones de valoración y manejo de riesgos asociados a OMG, con la incorporación de parte del Scientific Advisory Committee de la elaboración de los informes de evaluación y, por parte de la Executive Council, de la formulación final para el manejo del riesgo a nivel gubernamental, según destaca el Report 26028 del Departamento de Agricultura y Desarrollo Rural del Banco Mundial. La opinión de los cientÃficos, sin embargo, no ha sido la única que no ha conseguido influir en la sociedad, especialmente la europea (sà en Japón, en Canadá, en los Estados Unidos o en Australia). Diferentes organizaciones y agencias han expresado claramente su opinión, y aun asà no ha llegado a todo el mundo. Los referentes como la Iglesia –en otros tiempos influyentes– tampoco parecen ser escuchados. AsÃ, recientemente, en un forum desarrollado en la Universidad de la Santa Cruz en Roma, la Iglesia católica manifestó a través del Obispo Elio Sgreccia «no tener ningún impedimento para el desarrollo y la utilización de las nuevas biotecnologÃas animal y vegetal, ya que pueden ser beneficiosas para el hombre, asumiendo la responsabilidad que tiene éste para gobernar la creación». En el Human Development Report de las Naciones Unidas (2001), se recogen las aportaciones de organismos como la UNESCO, FAO, UNEP (Programa Ambiental de las NU) donde el grito unánime es que las nuevas biotecnologÃas son un importante elemento para el avance socioeconómico de los paÃses, especialmente de los que se encuentran en vÃas de desarrollo (obtención de biofuel, bioplásticos, fármacos, cultivos más adaptados, etc.), enfatizando la evidente necesidad de regular e informar de forma transparente sobre los riesgos medioambientales de cada OMG liberado. En el último African Regional Workshop (16-18 de enero de 2002), las intervenciones de distintos paÃses, como el Irán, por poner un ejemplo extremo, apuntaban a poner en manifiesto el importante esfuerzo que está haciendo su gobierno en investigación y desarrollo en OMG, ya que no hay aportación económica privada en el paÃs. Esta investigación, pues, se mueve de forma independiente de los focos de interés de las grandes empresas de los paÃses ricos. La Organización Mundial para la Salud (OMS) ha indicado claramente que los alimentos genéticamente modificados son seguros; han pasado evaluaciones de riesgo y no es probable que presenten riesgos para la salud humana, diferentes de los alimentos convencionales. Además, no se han observado efectos sobre la salud como resultado del consumo de alimentos modificados genéticamente en los paÃses autorizados desde hace 10 años, como los Estados Unidos. Por poner un ejemplo cercano y reciente, en el año 2004, la Organización de Consumidores y Usuarios se manifestó en absoluto desacuerdo con la OMS y aplaudió la información a nivel de etiquetaje aprobada en Europa para que sea el consumidor quien, en caso de atender a otros factores diferentes de los cientÃficos, pueda decidir si consumirlos o no. La Agencia Española de la Seguridad Alimenticia (AESA) añadÃa, para transmitir seguridad a los consumidores, que los alimentos derivados de OMG se controlan tanto como los productos farmacéuticos. Pero, a pesar de estas aportaciones hechas desde múltiples puntos de vista, Europa parece manifestar su rechazo. El hecho es que no hay evidencias cientÃficas que justifiquen un rechazo a esta tecnologÃa y las principales agencias y organizaciones mundiales no cuestionan en absoluto su utilización, sino que trabajan en estos momentos para solucionar elementos a menudo puntuales de cada paÃs: financiamiento, transparencia, acceso a la información, transferencia tecnológica, etc. Tratando de esquematizar la situación actual en Europa, hay algunos elementos que parecen explicar el posicionamiento individual y subjetivo de cada ciudadano, que no son elementos totalmente independientes, y que interaccionan y toman un peso variable según cada persona: • El grado de conocimiento: el Eurobarómetro detecta la relación entre el grado de aceptación de los alimentos modificados genéticamente y el nivel de conocimiento. • Razones ideológicas, éticas, religiosas o morales. Aquel que decide no consumir alimentos modificados genéticamente no admite discusión. Actualmente, se está creando una corriente de opinión promovida por grupos ecologistas y agroecológicos que asocian el agroecologismo y la sostenibilidad con el rechazo de la manipulación genética. • Los riesgos asociados a cualquier actividad humana no son percibidos de igual forma por todo el mundo y para cualquier aplicación. En general, se asumen bien los riesgos asociados al campo médico, pero se exigen riesgos nulos en el campo alimentario. • La confianza. Puede parecer, a estas alturas, difÃcil de explicar la aprensión de muchos ciudadanos a unos alimentos, a pesar del soporte que reciben por parte de grupos expertos, religiosos o la misma OMS, pero precisamente quizá es porque esta información no llega a los medios de comunicación de masas, igual que las vistosas y arriesgadas campañas de grupos detractores. QuerrÃa poner como ejemplo de experiencia poco habitual el referéndum que celebró el estado de Oregon sobre el etiquetaje de los alimentos modificados genéticamente. El resultado fue de un 72 % de la población en contra del etiquetaje, después de una campaña en la que participaron diferentes organismos gubernamentales, asociaciones de consumidores, empresas transformadoras de alimentos, etc., en la que se informó a la población de los controles a los que están sometidos estos productos, costos indirectos del etiquetaje, etc. Parece que, incluso, participó un famoso cantante a favor del etiquetaje, pero no transmitió suficiente confianza. En un encuentro cientÃfico de la Federación Europea de BiotecnologÃa, celebrada en Madrid en el año 2002, un invitado americano mostró su más absoluta sorpresa por el nivel de confianza y credibilidad que otorgan los europeos a una organización como Greenpeace. En cambio, la rueda de prensa realizada el 18 de abril de 2004 en la cual el Sr. J.L. Arranz, jefe de gabinete de la Agencia Española de Seguridad Alimenticia, afirmó que los alimentos derivados de una actividad biotecnológica son seguros y se controlan de forma parecida a los productos farmacéuticos, ha trascendido muy poco. • Otros elementos más dispersos son el cambio de milenio, un poco pesimista ante las aplicaciones belicistas de muchas tecnologÃas y una vieja Europa que no considera la agricultura como una actividad económica más, sino con apreciaciones sociales, históricas, culturales e incluso familiares. Resumidamente, en la conciencia del ciudadano medio europeo, afloran un gran respeto por la alimentación y el sector agroalimentario en general («con la comida no se juega»), de forma que las nuevas biotecnologÃas son tratadas con más respeto que cualquier otra tecnologÃa, porque trabaja con seres vivos, pero especialmente con plantas y animales que acaban en nuestros estómagos. El ciudadano pide más información, pero especialmente confianza por parte de agentes que transmitan más que la información incomprensible de cómo se obtiene un organismo modificado genéticamente. El ciudadano pide una opinión razonadamente clara. |
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