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Enviat per adm el dj, 21/06/2007 - 08:49.


Àmbit Maria Corral

Nuevos pilares para la economía global
Por David Martínez García

El sistema económico actual ha envejecido. La globalización, que en principio parecía afectar directamente a la información y posteriormente a la disposición de los bienes y los servicios, se ha extendido como una mancha de aceite y ha hecho aflorar todos aquellos problemas globales que hasta ahora estábamos tratando erróneamente como si fueran problemas de tipo local.

La globalización no es algo sobre lo que podamos decidir; es un hecho que durante mucho tiempo hemos intentado obviar. El gran problema es que nuestro sistema económico está asentado sobre tres pilares que contemplan los principales problemas contemporáneos desde una dimensión local y no tienen respuesta para afrontar la dimensión global.

El sistema económico actual se basa en el crecimiento permanente, en la concentración del conocimiento y de la capacidad de investigación en muy pocas manos y en la idea de economía del bienestar. Necesitamos sustituir estos tres pilares por otros tres que tengan un contenido más global.

La Tierra no puede aguantar el ritmo actual de crecimiento, debemos afrontar la realidad y plantear un modelo económico que sea compatible con el medio ambiente. No podemos seguir pensando que trasladando nuestros residuos y nuestros procesos industriales contaminantes a otros países evitaremos el problema ambiental. Nuestro rico jardín acabará muriendo por los efectos globales de la contaminación. Es el momento de pensar en ir sustituyendo la idea de crecimiento permanente por la de sostenibilidad.

Hasta hoy, los países ricos han ido concentrado, como si de un tesoro se tratara, su conocimiento y su capacidad de investigación. Los nuevos descubrimientos han servido para mejorar la calidad de vida y el bienestar de los países que podían hacer rentable esos descubrimientos. Es momento de dar la vuelta el calcetín; el nuevo modelo económico debe contar con la globalización de ese conocimiento y de la capacidad de investigación para poder resolver los problemas no rentables de los más desfavorecidos; si no es así, los países más poderosos serán víctimas de su propia ansia de concentración.

El modelo económico actual está asentado sobre la idea de economía del bienestar que tanta prosperidad ha traído a los ciudadanos de los países más desarrollados. Quizás ha llegado el momento de dejar de pensar en amarse a uno mismo para empezar a pensar en amar a los demás. Es el momento de dejar de lado la idea de bienestar para centrarnos en algo más realista y más global como es la solidaridad.

Este nuevo paradigma construido sobre la sostenibilidad, la globalización del conocimiento y la capacidad de investigación y la solidaridad, debe buscar también un marco ético global que permita confeccionar una regulación jurídica a nivel global. Un marco ético que debe inspirarse en conceptos tan universales como la paz y la justicia social.

Se han acabado los tiempos en que era posible pensar sólo en lo nuestro. Únicamente pensando y construyendo desde lo global seremos capaces de dar una respuesta realista a los problemas actuales que tiene planteados la humanidad.