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Creatividad para dar calidad a la vida
Cena-Coloquio nº 150, Barcelona (España), junio 2002
Propuesta para el diálogo
Por José Mª Forcada Casanovas
Celebrar ciento cincuenta Cenas Hora Europea es un entrañable hito. Son veinte años de encuentros periódicos de amigos para debatir temas. Es una larga mayoría de edad. Queremos expresar la gratitud a todos los ponentes que nos han honrado con sus criterios y puntos de vista y a tantos participantes, quizás más de diez mil, que han hecho posible la vida de las cenas.
El mundo de la creatividad es mágico, como si se tratara de hacer salir de la nada ideas, realidades tangibles, proyectos, sueños, efectos emocionales, belleza... Decimos tantas veces que somos creativos, que quizás nos arrogamos un papel de seres superiores, cuando quizás crear es la obligación más necesaria que debe desarrollar cualquier persona.
Recuerdo que, en una ocasión, hace unos treinta años, el muy recordado doctor Alfredo Rubio, alma del Ámbito y de las Cenas, explicó en una charla que la creatividad adquiere un gran sentido en la medida en que va unida a la fidelidad. Esta idea me sugiere que el gran valor del ser creativo está en función del para qué servirá y a quién servirá, de cómo se podrá llevar a cabo lo que se es capaz de hacer surgir de tan poca cosa como puede ser una idea o un conjunto de ideas. El creativo es el genio que las ordena y las pone al servicio del progreso para que sirvan para algo que haga avanzar una ciencia o un trabajo y que, además, tenga un sentido estético agradable para que sea atractiva. La creatividad debe conducir a inventar, con contenido, muchas cosas capaces de causar sorpresa, admiración o alegría, de manera que hagan que la vida no sea aburrida. La creatividad, verdadero antídoto del aburrimiento, es el medio necesario para hacer surgir lo genial que toda persona es capaz de desarrollar.
La monotonía empobrece, la rutina aburre, mirar sólo los primeros términos llega a cegar la visión del más allá. La creatividad tiene mucho de intrépida para no hacer caer en una terrible modorra al espíritu ni recortar las iniciativas que matan la savia de la vida. Detener unos pensamientos o unas ideas puede cerrar un alud de nuevos proyectos, pero optar por una creatividad es casi siempre una atrevida aventura expuesta a la autocrítica y a la crítica de los demás. Aquel que tiene la virtud de la creatividad quizás tiene que ser más humilde que los demás, para recoger la crítica, que casi siempre acostumbra a ser dura. El creativo sabe activar nuevamente el ingenio para seguir creando bienestar, belleza y bien para la sociedad.
¿Hay profesionales de la creatividad? ¿Quiénes son? ¿A quién sirven? ¿Hasta qué punto los reducimos al mundo del diseño, de la música, de la pintura, de la literatura...?
¿Dejamos que los niños, que tienen tanta imaginación, sean creativos, o quizás preferimos que se especialicen en el mundo de la rutina?
¿Sería necesario crear una enseñanza o una escuela de creatividad para que cada uno pudiera desarrollar sus posibilidades?
Seguro que la locura creativa no lleva a nada. El miedo a crear, tampoco. ¿Cómo armonizar una bien enraizada fidelidad a unos principios, a unas entidades, a unas personas, y no tener miedo a hacer crecer iniciativas capaces de dar frutos de bien?
Resumen de las intervenciones
Angels Aymar Ragolta, Actriz.
José Mª Forcada Casanovas, Presidente del Ámbito de Investigación y Difusión María Corral.
David Jou Mirabent, Catedrático de Física de la Universidad Autónoma de Barcelona. Poeta.
Imma Marín Santiago, Especialista en juego, educación y creatividad.
Aportaciones en el coloquio
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