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Ecología > Urbanismo
Àmbit Maria Corral
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Arquitectura ecológica
Por Marta Burguet Arfelis, Pedagoga. Enero 1992
La integridad del ecosistema está en peligro. Los entendidos nos alertan con cifras verdaderamente alarmantes. Ciertamente, parece necesario un planteamiento ético que ponga en evidencia las actitudes y valores que favorecen la armonía ecológica.
Quizá la educación tiene mucho que ver con ello, no sólo de nuestros pequeños, que hoy en día parecen bastante más sensibilizados por el tema. Educar actitudes es un proceso continuo y permanente, que es preciso desarrollar en todas las vertientes de la vida, abarcando todos los niveles profesionales que puedan verse implicados.
La arquitectura es uno de ellos. Obsevar las construcciones arquitectónicas del modernismo, y concretamente toda la obra gaudiniana, nos recuerda que la arquitectura no es más que una contribución humana a la creación natural del ecosistema.
A menudo los edificios, con sus excesivas alturas y sus reducidos espacios, poco evocan el recuerdo de la naturaleza. Suponen una ruptura con todo el entorno que cansa la visión humana. Llega a ser factor favorable del estrés y el agotamiento urbano.
Y no es que sea imposible basar la construcción urbana en la conservación ecológica del entorno. Recientemente he tenido ocasión de apreciar una de estas edificaciones que podríamos llamar ecológicas, en un pueblo de la costa ampurdanesa. Me ha sorprendido la confusión que provocaba entre la piedra que servía de fachada y las rocas que bordean la costa, así como la flora que crecía de sus balcones y terrazas.
Es decisiva una educación que desarrolle actitudes que descubran la capacidad arquitectónica de ser más naturaleza en medio de la propia naturaleza, que promueva que la mano del hombre contribuya a perpetuar y no a degenerar.
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