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Filosofía > Estética


Àmbit Maria Corral

¿Dónde están los sabios de hoy?
Cena-Coloquio 174, Barcelona (España), febrero 2006

Propuesta para el diálogo:
Por Jordi Cussó Porredón

El doctor Alfredo Rubio, en unas jornadas organizadas por el Ámbito María Corral, explicaba la siguiente anécdota: «Recuerdo una discusión de arquitectos sobre la conveniencia o no de invertir grandes sumas para la conservación de Venecia, y ninguno de ellos había estado en aquella ciudad. No habían podido sentir la emoción de su ambiente, aquel sentimiento etéreo de pisar sus plazas, sus aceras estrechas a ras del agua, contemplar in vivo su belleza o deslizarse por la tarde por sus canales.» 

No podemos dudar de que aquellos arquitectos tenían suficientes conocimientos para resolver una serie de cuestiones técnicas y científicas, pero probablemente les faltaba la «sabiduría» necesaria para responder la cuestión planteada. La sabiduría no es sólo saber; es mucho más: es saber utilizar el saber, es el arte de vivir, y la vida es mucho más compleja que un simple conjunto de conocimientos.

La sabiduría es una actitud que surge sobre todo de la experiencia, y ésta no sólo está hecha de conocimientos, sino también de valores, acciones, creencias, emociones, deseos, principios, sentimientos…, definitiva, de una mezcla difícil de separar y que nunca es el resultado de reunir o amontonar todas estas cosas. Ni la sabiduría ni la verdad no son valores exclusivamente intelectuales, ni actividades puramente racionales, sino sobre todo una manera de tocar la realidad existente y de disfrutar de ella.

La palabra sabiduría viene de «tener gusto», «saborear y a la vez tener saber». El sabio es pues aquel que sabe paladear las cosas, desde las más vitales y esenciales hasta las más insignificantes y pequeñas. Es de esta capacidad de gozar, sentir, etc., de donde surge su capacidad de aprender, de saber. Parece que nuestra cultura ha perdido mucho la capacidad de saborear. Hemos aprendido muchos conceptos, mucha tecnología, e incluso nos hemos especializado en materias enteras, pero si no somos capaces de disfrutar de lo que hemos aprendido, llegamos a ser como aquellos arquitectos de Venecia: con grandes conocimientos, pero sin la experiencia que da haber pisado la realidad de las cosas.

Si, como dicen algunos autores, la sabiduría es un atributo del ser, tendremos que empezar por disfrutar de nuestro propio ser y conocerlo. La sorpresa de ser, cuando podíamos no haber sido nunca, obra en nosotros la capacidad de sorprendernos por las cosas, las personas, los acontecimientos. Y esta admiración es la que nos lleva a una sana curiosidad, que es el verdadero motor del aprendizaje. De aquí surgen las preguntas y las respuestas, y sobre todo el deseo de seguir aprendiendo. Nuestro mundo necesita gente erudita, con una cultura amplia, pero sobre todo necesita sabios.

La necesidad de poseer unos ciertos conocimientos es bastante reconocida en la sociedad, y en la mayoría de países ya se promueve una educación para todos. En cambio, sería preciso pensar si la educación de la sabiduría se encuentra en las mismas condiciones. ¿Qué y cómo es necesario educar para acercarse a la sabiduría?

En la cena de hoy nos preguntamos dónde están y quiénes son estos sabios de hoy. Las personas más mediáticas o poderosas no siempre responden al perfil de lo que entendemos por sabios. Seguramente el progreso técnico y científico nos prepara para afrontar el futuro, pero lo que realmente sostiene nuestro mundo es la sabiduría acumulada a lo largo de toda la historia de la humanidad. Sin caer en dualismos ni falsos maniqueísmos, necesitamos todas las herramientas posibles para afrontar los retos de presente y de futuro, pero necesitamos también la sabiduría de cómo utilizarlas para construir una sociedad donde vivamos con dignidad todos los seres humanos.

Resumen de las intervenciones:

Jordi Cussó Porredón, Director de la Universitas Albertiana.
Lluís Font Espinós, Director General de la Fundació Blanquerna.
Lluís Franco Sala, Economista. Presidente del Tribunal Català de Defensa de la Competència de la Generalitat de Catalunya.
María Martínez Vendrell, Psicóloga Clínica.
Aportaciones en el coloquio