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La vida en positivo
Cena-Coloquio 178, Barcelona (España), noviembre 2006

Propuesta para el diálogo:
Por Josep M. Forcada Casanovas

Hoy no queda bien, en muchos ambientes, decir que somos felices, que estamos contentos o que sentimos paz. Aún está demasiado vivo el concepto de que la vida es dura, especialmente por el hecho de tener que trabajar o porque nos envuelve la desdicha, la muerte, el sufrimiento, etc. Como si siempre cerniera una especie de castigo detrás de aquellas realidades consideradas negativas. Por otra parte, casi no se subrayan aquellas dimensiones positivas que existen, incluso, en la desgracia. Muchas realidades buenas, positivas y acertadas también dan sentido a la vida.

Esta reflexión seguramente causará extrañeza o, incluso, se podría pensar que es un argumento ingenuo. Es cierto que existe el sufrimiento, la injusticia, la enfermedad, la maldad, pero también hay innumerables personas que creen en el ser humano y en su capacidad de hacer el bien y de promover la felicidad. Por ejemplo, todos conocemos que en la terrible brutalidad de la violencia de género hay asesinos y víctimas, pero frente a este hecho, hay muchas personas que trabajan por el bien de las víctimas y en favor de la erradicación de este mal.

La rapidez e inmediatez de nuestros actos –potenciadas por las nuevas tecnologías, entre otras– nos hacen creer que el éxito inmediato es necesario, o bien muchos consideran que es fundamental moverse desde unas perspectivas de triunfo que son las que comportan la felicidad. Tal vez el éxito se une también a la falta de esfuerzo y a la comodidad. Cuando aparece la incomodidad, por pequeña que sea, se vive como un hecho indeseable. Aquel esfuerzo por conseguir algo y que acaba en alguna realidad inesperada es rechazado y, en el peor de los casos, hasta desestabiliza a la persona y la hunde en la incomprensión, el propio menosprecio, la sensación de culpa, e incluso puede conducir a negarse al diálogo, en todos sus aspectos. Muchas veces se crea una verdadera incapacidad para reconducir una situación de fracaso y, lamentablemente, muchas personas la arrastran toda la vida.

Los filósofos como Aristóteles o Platón, cuando se plantean los contenidos y las finalidades de la ética, afirman que ésta sirve para que la persona viva más feliz. Tal vez ya es hora de recuperar esta ética de la felicidad basada posiblemente en darse cuenta de que la existencia de la persona vale la pena siempre, tal como sostienen Lourdes Cortés y Jesús Aragón en el libro Autoestima, comprensión y práctica: «Somos valiosos por el solo hecho de existir.»

La felicidad de existir se puede explicar desde la capacidad de aceptar la realidad de la vida tal y como es y, por lo tanto, a las personas. Vale la pena saber exprimir la vida con responsabilidad y disfrutar de ella, aceptando lo positivo y lo negativo, la suerte o la desdicha, y también lo que denominamos “desgracia”. La madurez humana conduce a afrontar la realidad de la vida diciendo sí, incluso, a lo que no esperábamos o a lo que no querríamos que pasara. A pesar de la humana fragilidad de los existentes, es el constante reto de caminar hacia adelante aprendiendo la lección de la cotidianidad, lo que, si se entiende, nos lleva a ser más personas. Quizás aún no se nos ha enseñado a perder o a ser los últimos y a darnos cuenta de que también así se puede ser feliz.

¿Por qué la sociedad mantiene tantos prejuicios hacia el entendimiento de los aspectos positivos de la vida e incluso se avergüenza de esta actitud?

¿Por qué hay un pudor personal a expresar que nos sentimos felices, si no es de palabra, al menos con hechos, sin que sea algo mal visto?

El término resiliencia nos explica cómo de una realidad compleja, difícil o amarga puede surgir un bien, y hay unas soluciones positivas. ¿Por qué no se educa también para desarrollar esta capacidad?



Resumen de las intervenciones:

Jaume Aymar Ragolta, Profesor de la Facultad de Filosofía de la Universidad Ramon Llull. Colaborador del Ámbito María Corral.

María del Mar Galceran Peiró, Pedagoga y profesora de la Universidad Ramon Llull.

Jordi Grané Ortega, Filósofo. Presidente de la Fundación NUS.

Pere Negre  Rigol, Profesor titular de la Licencia de Sociología de la Universidad de Barcelona.

Aportaciones en el coloquio

Moderadora: Assumpta Sendra Mestre, Profesora de la Facultad de Ciéncias de la Educación, Blanquerna-URL