Recuperar el gusto por el silencio

silencioDice el filósofo catalán Francesc Torralba en su libro Rostros del silencio que «hablar sobre el silencio es un delito… Es atentar contra una realidad misteriosa e indescriptible, es pisar una realidad desconocida, es introducirse en un reino escondido y desértico donde la palabra es una intrusa. En el país del silencio, la palabra es una forastera inadaptada. Habla y habla, pero no dice nada porque en el mundo del silencio las palabras son voces en el desierto, voces que no tienen eco ni respuesta». Sin embargo, él se adentra en este tema, e incluso en uno de los capítulos ofrece una clasificación de los diferentes tipos de silencio: « El silencio epidérmico, el silencio interior, el silencio obstinado, el silencio de la plenitud, el silencio ético, el silencio estético, el silencio impuesto, el silencio masivo, el silencio compasivo, el silencio cruel, el silencio místico, el silencio ascético, el silencio litúrgico, el silencio de los bebés y, por último, el silencio de los muertos».

En cierta ocasión le preguntaban al tenor Alfredo Kraus si por las mañanas escuchaba música, a lo que contestó:

—No, aprecio mucho el silencio y el aire puro. Estamos faltos de eso. Me molesta caminar por la calle, porque sé que respiro lo que no debo.

Y al igual que respiramos lo que no debemos, actualmente, en el mundo de los avances científicos, ya casi no es posible «hacer» silencio ¿Cómo hablar del silencio en medio del mundanal ruido, en medio de las ciudades?, ¿sólo se consigue fuera de las urbes, en el campo, o subiendo a las montañas para poder estar y apreciar el silencio?

«El silencio es fundamental, y no sólo para quienes se dedican a la creación artística. Sin silencio es muy difícil reflexionar. Se puede comenzar a dar vueltas a un asunto que nos inquieta, nos atrae o nos preocupa, pero si no nos acompaña el silencio que ayuda a la abstracción, todo se queda en un intento, y los intentos nunca deparan conclusiones. Al analizar nuestro día nos asombrará percibir que apenas nos queda otro momento de silencio que la noche […], el ruido nos ha vuelto poco reflexivos. Nos movemos por impulsos y lo que antes nos parecía bien hoy está mal, y lo que antes nos parecía mal hoy está bien, sin detenernos a reflexionar. Sin silencio es imposible hacerse esas preguntas vitales que han saltado de generación en generación desde el comienzo de la historia hasta toparse con este principio de milenio tan ruidoso: ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy? Sin silencio es muy difícil admirarse ante lo que en realidad es asombroso: el comienzo de una vida, su final, la majestuosidad de la naturaleza, el milagro de un niño… Sin silencio es complicado apostar por alguien: descubrir la profundidad de la amistad o los secretos del amor, porque el ruido asesina el diálogo», asegura Miguel Aranguren.

El silencio se está convirtiendo, pues, en un «bien» muy apreciado e incluso en un bien de consumo, tanto así que los músicos también le cantan. En una página dedicada al rock encontramos que el argentino Juan Carlos Baglietto canta al silencio con letra de Jorge Fandermole. La canción «Tiempo de silencio» dice: «Silencio en los portales de la guerra, │hagan silencio tropas y armamentos, │en los ordenadores de la tierra, │del cosmos y del mar guarden silencio…».

Silencio de Dios

El silencio de Dios. Algo desconcertante y a la vez elocuente, buscado siempre por los místicos, y hecho belleza en la creación, palabra en Jesucristo y encuentro en el Espíritu Santo. Ascetas, poetas y religiosos de diversos credos loan al silencio. Tal vez porque le dedican más tiempo o porque lo viven con intensidad y asiduidad. Y es lo que tratan de transmitir al resto de los mortales.

Podemos ver la experiencia de un sacerdote después de haber celebrado junto al anterior papa Juan Pablo II: «Todas las cosas verdaderamente importantes ocurren en silencio: se crece en silencio, se sueña en silencio, se ama en silencio, se piensa en silencio, se vive en silencio, hasta la misma muerte se acerca a los jóvenes con pies de terciopelo. Pero ¡explicadles a los jóvenes que en el silencio está la verdad!

Pronto preferirán las discotecas en las que nunca podrán escuchar su propia alma.»

Otro sacerdote, en este el caso el dominico Fray Nelson Medina, aporta diversas referencias bíblicas y de diversos pensadores sobre el acto de callar y del silencio en la Biblia: «“Hay tiempo de callar y tiempo de hablar” enseña el Eclesiastés […] Hay distintos modos de callar, porque hay distintos silencios: el de la indecisión (Gn 24,21), el de aprobación (Nm 30,5-16), el de confusión (Neh 5,8) o miedo (Est 4,14). Hay silencios de arrepentimiento y vergüenza (Job 40,4; 42,6; Ro 3,19; Mt 22,12) y silencios de confianza en la providencia (Lm 3,26; Ex 14,14)».

Mundo ruidoso

El silencio no es sólo un tema espiritual, también es una cuestión tratada profundamente en la historia, en la filosofía o en la poesía y, por supuesto, un tema que atañe al hombre agnóstico o a quien es indiferente a las religiones.

Afirma el poeta Miquel Martí i Pol, «ni los poetas ni la poesía sirven para nada. La poesía no cotiza en bolsa, los poetas no pueden comprarse yates, los editores que publican poesía lo hacen por puro romanticismo». No, la poesía no sirve para nada, sólo para —añade Martí i Pol— «recuperar el gusto por el silencio en un mundo desquiciado y ruidoso, para sentir el gusto por la palabra en un mundo terriblemente mediatizado, para restituir el gusto por la intimidad en un mundo incierto y vulnerable y para reafirmar el gusto por la libre reflexión en el mundo del pensamiento único».

Escribía Heidegger que estando en silencio el hombre habla. Por otra parte, un viejo y sabio proverbio árabe afirma que «Alá nos dio dos orejas y una boca para oír el doble de lo que hablamos». El decir y el silencio atraviesan todo el misterio de la comunicación del hombre entre sí, y de éste con los demás seres. No se puede vivir sin el lenguaje, pero tampoco debemos olvidar la necesidad de callar cuando las palabras sólo llegan a perturbar la vivencia de un instante. La palabra explica; a su vez, el silencio comprende. El hablar señala un camino, el callar lo sigue sin hacerse notar. Todo está en la palabra, y en su espacio de pausa que es el silencio. Ambos envuelven nuestro cotidiano actuar hasta el punto de convertirnos en seres llenos de infinitas posibilidades.

Heidegger también dice que «la palabra es la morada del ser: En esa casa habita el hombre. Los pensadores y los poetas son los vigilantes de esta morada, cuyo vigilar es el consumar la manifestación del ser». La palabra es la herramienta  más preciada que posee el ser humano para la construcción de su destino. Quien sabe hablar aprenderá también a callar oportunamente.

Bajo el seudónimo de Rodericus, un columnista del periódico El Mercurio de Chile escribía en un artículo fechado en abril de 1999: «el diario uso del hablar nos hace no apreciar en todo su esplendor el valor que tiene. Tampoco estamos acostumbrados a disfrutar de esos transitorios diálogos sin voz que todo lo dicen calladamente».

 Mauricio Chinchilla

Páginas de interés

Experiencia del tenor Alfredo Kraus:
www.weblaopera.com/voces/tenores/kraus.htm

Cantautor  argentino Juan Carlos Baglietto:
www.rock.com.ar/letras/0/576.shtml

Visión de algunos sacerdotes sobre el silencio:
http://es.catholic.net/biblioteca/libro.phtml?consecutivo=137&capitulo=1151

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