¿La vida buena o la buena vida?

11a la-240-m-angelPor Alina J. Bello Dotel
Colaboradora del Ámbito María Corral
Santo Domingo, noviembre 2010
Foto: M. Angel

Para la generalidad de los seres humanos, la Vida Buena es una meta deseada, pero también lo es la Buena Vida. Si bien es cierto que vivir de tal manera que todas nuestras acciones estén apegadas a las normas de la buena convivencia ha sido el ideal clásico, no menos cierto es que en la sociedad industrial y post-industrial, ese ideal se ha mezclado y confundido con el de la buena vida, entendida ésta como acceso a riquezas, lujos, comodidades e influencias en la sociedad que van más allá de lo razonable.

La Vida Buena es un estilo de vida marcado por la sencillez, la honestidad, la frugalidad en el consumo, la solidaridad con los demás congéneres y con el medio ambiente. Es también una vida de dedicación al trabajo, el servicio a la sociedad, el cultivo de la inteligencia espiritual y la alegría de vivir.

La Buena Vida, por su parte esta determinada por la sensualidad, donde la satisfacción de las necesidades está sujeta al placer. Esta forma de vivir eleva la percepción de los sentidos a categoría de placer y es alimentada constantemente por la estructura de la sociedad de consumo. Su lema es “todo vale con tal de vivir bien” y la norma que sigue es la del placer por el placer.

Una persona, familia, institución, o sociedad debe detenerse a pensar qué tipo de vida sigue: la Vida Buena o la Buena Vida. Porque dependiendo en cual de las dos esté desarrollándose, será su permanencia en el tiempo y su aporte a la construcción de una sociedad mejor para todos.

Cualquiera que tenga como norte de sus acciones el aparentar ante los demás, el afán por las marcas y los restaurantes de última moda, está cifrando su vida en sensaciones pasajeras y superficiales. Mientras que aquellas personas, familias e instituciones que fomentan la solidaridad, la sencillez, la amistad y la frugalidad en sus vidas están aportando a la construcción de sociedades fuertes, basadas en prácticas axiológicas duraderas y por lo tanto están transformando el mundo para que sea un mejor lugar para vivir la vida buena.

Vivir apegado a valores es una necesidad que debemos entender, en especial en un mundo donde al parecer las prácticas individualistas y hedonistas nos han sumido en una de las mayores crisis financieras de todos los tiempos. Las especulaciones inmobiliarias, las manipulaciones financieras y el desmedido afán de lucro de los CEO (siglas en inglés de Chief Executive Officer o Director Ejecutivo en español) de las grandes corporaciones del mundo, nos han obligado a todos a repensar el mundo económico personal, local y global.

Los gobiernos de todo el mundo se han visto en la obligación de socorrer a las grandes transnacionales financieras que inescrupulosamente han jugado con el dinero de sus ahorrantes, para beneficiar a sus ejecutivos.

El afán de lucro instalado en las instituciones de más alto nivel económico del mundo, ha traído como consecuencia una crisis mundial sin precedentes, cargada de desgracia para los que componen la base de la pirámide social y de refuerzos para la mala conducta de los grupos de poder, que siguen recibiendo apoyo económico de los gobiernos, sin sanciones y normas que pongan freno a las ambiciones desmedidas, que han sumido al mundo en una espiral de pobreza y miseria.

Urge construir un mundo donde la Vida Buena prime sobre la Buena Vida. Donde las personas sean reconocidas por sus valores morales, no por sus valores económicos. Se hace perentorio crear estrategias educativas, empresariales, comunitarias, etc. para que estructuremos una mejor sociedad, menos depredadora de los bienes de todos y más cuidadosa y solidaria a la hora de pensar en hacer negocios, con los recursos de todos.

Sólo así garantizaremos la paz social, la ciudadanía de pleno derecho y la democracia de la que tanto nos enorgullecemos.

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