Preocupación económica

3329704116_c6b6f46b47_oPor Joaquim Planasdemunt
Economista
Barcelona, mayo 2015
Foto: Creative Commons

Esta historia es real, aunque los nombres son ficticios. Podría ser una de tantas historias que producen inquietud e incertidumbre por lo que pueda suceder. Muchos conocemos este tipo de historias y las hemos vivido más o menos de forma cercana, en estos últimos años.

Primavera del 2007. Nela y Pedro se decidieron a comprar un piso. Todos sus amigos compraban y al fin y al cabo, dado el precio del alquiler y con las facilidades que les daba el banco, podían ser propietarios. Un piso muy bonito en las afueras de Badalona, ¡todo un sueño! Doscientos veinte mil euros era una suma respetable, pero el banco financiaba la totalidad del coste y con los pequeños ahorros que tenían ya les llegaba para los gastos de la compra. Con lo que sacaba Pedro de la pescadería y los dos sueldos de Nela que casi sobrepasaban los 2.500 euros al mes, podrían salir adelante. Uno de los sueldos de Nela (el del hospital) lo destinarían al piso y el resto para vivir. A la hora de negociar, el banco les puso unas cuantas pegas, pues decía que las cuotas eran un poco elevadas para los sueldos justificados y que hacía falta algo de refuerzo para llevar a cabo la operación. No sabían qué hacer, pero al hablarlo con su familia, les acabaron de animar y los hermanos de Nela se ofrecieron a avalarlos: valía la pena comprar el piso. ¡Si las cosas se complicaban siempre se lo podrían vender!, pues hasta  la misma tasación del banco decía que casi valía trescientos mil euros.

Invierno del 2011. Un panorama desolador. La venta de pescado había caído de una manera espectacular, las cajas de la tienda no daban casi ni para pagar el alquiler. Empezaron a tener deudas. En la consulta donde Nela trabajaba por la tarde, le dijeron que sólo hacía falta que fuera dos días a la semana, ya que los otros días los cubriría alguien de la familia. A las dificultades económicas, además, se añadieron las de pareja.

Los problemas económicos son altamente destructivos para las parejas, incluso cuando están muy bien fundamentadas, lo que no era el caso.

Pedro, finalmente, dejó a Nela y las deudas sin pagar y se fue a probar suerte a otro país.

Primavera del 2014. La deuda que había dejado Pedro y la misma presión de la hipoteca se hicieron insostenibles para Nela. A pesar de que el banco se avino a hacerle una operación de refinanciación y que la familia y los amigos ayudaban, la presión era muy fuerte y Nela se planteaba si valía la pena continuar pagando el piso. Sus vecinos de rellano ya se lo habían vendido y les habían dado ciento cincuenta mil euros…
Hablando del tema con un empleado de confianza del banco, decidieron empezar un proceso de dación. Querían proponer al banco que aceptara quedarse el piso a cambio
de condonar toda la deuda, y quizás negociar, que ella se quedara de alquiler.

Otoño del 2014. El proceso fue largo, pero, finalmente, el banco lo aceptó. Nela se quedó viviendo en el  piso y los seiscientos euros que le cuesta el alquiler están dentro de su presupuesto; además se ha ahorrado los gastos adicionales que le habría costado el traslado a otra vivienda. ¡Podrá empezar a rehacerse!

A la vista de los hechos, podrían buscarse culpables: la inconsciencia de la pareja al arriesgarse en un proyecto de demasiada envergadura, la codicia del banco al no negar la hipoteca buscando un mayor beneficio financiero, la perversión del sistema capitalista basado en el consumo y que tiene como objetivo dar, cada vez, «más carbón para sus calderas», la poca profesionalidad de las sociedades de tasación que inflaron  los precios o la falta de valor o de previsión del gobierno por no haber enfriado suavemente la burbuja a tiempo. Pero, más que buscar culpables (exceptuando las actuaciones punibles, que también se han dado), será preciso, quizás, analizar fríamente, sin apasionamientos y con el máximo detalle que es lo que ha pasado y por qué. Conocer los errores pasados nos ayudará a evitarlos en el futuro.

Nela se ha rehecho. Se ha sacado un peso de encima muy importante; puede volver a hacer vida social y sus hermanos están contentos, pues el aval que le habían dado les pesaba enormemente, ya que sin ningún patrimonio ni posibilidades y también siendo castigados por la crisis, era una carga que les impedía levantar la cabeza. Incluso el banco está contento, pues un posible problema de morosidad con desahucio, probables pérdidas futuras y mucho dolor en una familia, se ha reconducido, si bien ciertamente, con pérdidas en el balance de este ejercicio, pero dejando el problema solucionado.

La vida es el activo más importante que tenemos, la manera de gestionarla, dentro de nuestras posibilidades, es nuestra principal responsabilidad.

Nela está contenta y ha sabido hacer una buena lectura de sus posibilidades; ¿se equivocó al hacer un proyecto con Pedro?, ¿se equivocó al comprar el piso?… Quizás sí, o quizás las circunstancias le han sido tan adversas que quién se lo podía imaginar… ¡Para ella era algo imprevisible! Lo que no quiere hacer es equivocarse ahora quedándose prisionera del resentimiento, resentimiento contra la pareja, contra el banco, contra el sistema capitalista, contra el gobierno o contra todos juntos. Resentimiento que sería justificable, pero altamente inhabilitador a la hora de vivir bien su futuro. Sólo tiene una vida, y no se quiere equivocar viviéndola recluida en un resentimiento que puede amargarla por un largo periodo.

Si podemos evitar las caídas, evidentemente tenemos que hacerlo, pero lo más importante es saberse levantar y mirar hacia delante, aprendiendo de los errores que hemos cometido, pero sin dejarnos atrapar por el resentimiento que nos puede absorber toda la alegría de vivir.

Nela tiene cincuenta años, ha pasado cuatro de muy malos, pero está viva y tiene la posibilidad de pasar muchos buenos años, a partir de ahora. Es optimista, hija de una familia alegre y ha aprendido que es necesario no quedarse atrapado en el rencor. Hace poco su amiga Maria, con quien comparte confidencias, le dijo con admiración: ¡Qué capacidad de resiliencia que tienes! Ella no sabía qué quería decir esta palabra; no la había escuchado nunca en su entorno. Cuando  Maria le hubo explicado que se trata de  la facultad que tienen los seres humanos de resistir y superar las dificultades, la palabra le gustó y aún más su significado.

Con mirada serena, habrá que repensar este periodo reciente de nuestra historia y mirar de rehacer aquello que vemos que no ayuda a vivir en plenitud, tanto si son errores en nuestras actitudes internas, como deficiencias en las estructuras sociales que entre todos hemos creado; unas y otras se pueden modificar en el futuro para que nosotros y aquellos que vengan detrás, no repitamos los mismos errores. Ahora bien, al igual que Nela, valdrá la pena hacerlo con la alegría de saberse existente y con la esperanza renovada de ver cómo somos capaces de superar las dificultades.

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