Situaciones xenófobas

Por: Sofía Gallego
Psicóloga y pedagoga
Barcelona, marzo 2017
Foto: mabel

Recientemente han sucedido dos hechos de manera simultánea que han aparecido a la luz pública y que merecen una reflexión. Me refiero a dos situaciones de naturaleza xenófoba en que las víctimas son mujeres. Una es el caso de la concejala del Ayuntamiento de Badalona que ha sido increpada por su condición de musulmana y, me atrevería a decir también, por su condición de mujer. La segunda hace referencia a una chica de la India, adoptada por una familia catalana desde muy pequeña, por tanto una chica catalana. Dejo de lado el primer caso, por tratarse de una persona con suficiente edad y recursos intelectuales para afrontar la situación. Además, responsabilidad política le da otra dimensión que excede el objetivo de este artículo.

En el caso de la chica de la India, según ella misma ha escrito en una carta al director de un diario de Barcelona, el hecho ocurrió en un lugar público. Fue en un tren donde coincidió con un grupo de chicos entre once y trece años que, de manera descarada, la insultaron a causa de sus rasgos étnicos. El resto de personas que se encontraban en el vagón guardaron silencio, ya que nadie se atrevió a plantar cara a la panda chicos. Son grupos que creen pertenecer a una clase superior y se consideran legitimados para menospreciar a otra persona por ser diferente. Realmente, es lamentable el hecho cometido por los chicos, pero todavía lo más que ningún adulto fuera capaz de ponerse al lado de la persona más débil, en este caso la chica. Y tuvo que ser ella misma quien pidió que dejasen de increparla.

Según un dicho africano para educar un niño o una niña se necesita toda una tribu. Esta afirmación no se puede tomar en sentido literal, pero su significado continúa siendo vigente: todos nos hemos de sentir responsables de la educación de las nuevas generaciones, más allá incluso de los lazos familiares. En el caso que nos ocupa esta responsabilidad no se asumió.

Esta situación puede tener dos lecturas en cuanto al comportamiento de los adultos presentes: como no son hijos míos no me he de implicar, no debo educarlos. O bien una segunda más lamentable que la primera: como yo no soy esta mujer, ésta es una situación que no me afecta. Eso quiere decir que algunos valores están cambiando en nuestro país.

No quiero acabar sin mostrar mi apoyo y admiración hacia las dos mujeres, pero de una manera muy especial a la chica de la India que tuvo la valentía de enfrentarse a los chicos y después hacerlo público.

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