Quedarse sin trabajo, vender tu tiempo

Elisabet Juanola Sória
Periodista
Barcelona, enero 2019
Foto: Pixabay

Mónica, que tiene cinco años, hablaba con sus papás del dinero y para qué sirve. Ella, como muchas niñas y niños, no sabía que el dinero que se saca de un cajero automático es limitado y que está allí porque la familia lo ha guardado. Por tanto, el cajero no hace magia y el dinero hay que administrarlo.

Una de las cosas que más desea Mónica es que su padre y su madre no tengan que ir a trabajar porque así pueden estar con ella en casa, como cuando estan de vacaciones o es fiesta. Todos los días Mónica pregunta a sus papás si al día siguiente tienen que ir a trabajar y se pone muy contenta cuando no tienen que hacerlo. Ella es una niña y no entiende todavía completamente algunas cosas del mundo adulto, como las deudas, que todo tiene que pagarse, los créditos, la solvencia…

Ha ocurrido que tanto el padre como la madre han vivido la situación de no tener trabajo y, aunque Mónica no lo sabe, no ha sido una buena noticia. Quedarse sin trabajo es un aprieto, especialmente por el tema económico, pero también por una serie de otros temas que no siempre tenemos presentes y que, de hecho, son importantísimos en la vida de cualquiera. Las personas, en general, necesitamos trabajar. Incluso Mónica, con sus cinco años, siempre quiere pintar, jugar, pasear, ver dibujos… hacer alguna cosa. Eso es algo de salud mental, las personas queremos sentirnos vivas, hacer cosas, crear, servir.

Por un tema de dignidad, el ser humano necesita realizarse, construirse en sentido. A nadie le gusta «perder el tiempo», todos queremos estar a gusto, y esta es la gran diferencia cuando estamos en un sitio o con personas que nos aprecian o cuando no es así; cuando nos sentimos utilizados a cambio de un sueldo o cuando, en cambio, estamos haciendo algo interesante, que puede servir a alguien, que nos alegra hacerlo… que tiene sentido. Por tanto, no todo es el dinero, sino que lo es hacer las cosas que nos interesan, que vemos que sirven. No todo el mundo puede tener un trabajo remunerado, quizás, en aquello que más le gusta, pero muchos pueden encontrar un sentido a su trabajo y este valor cada día es más buscado.

Encontrar un sentido a aquello que hacemos está directamente relacionado con qué nos escuchen, que seamos considerados, con que la distancia del trabajo a casa sea razonable, que el ambiente sea grato, que si un día no hacemos el horario completo se entienda, que tengamos tiempo para hacer un café… cada uno puede poner ejemplos de lo que nos hace sentir personas.

Contrariamente a lo que solemos pensar, las mejoras salariales no son siempre la motivación primera a la hora de buscar un trabajo, lo son la satisfacción que nos da el trabajo, los incentivos, la flexibilidad horaria, los reconocimientos, el buen clima laboral, etc.

La felicidad de las pequeñas cosa no tiene precio.

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