237 Cena Hora Europea: «¿Cómo se pueden gestionar las emociones?

En esta Cena nos cuestionamos como gestionamos las emociones vinculadas con los sentimientos. En los sentimientos intervienen varios elementos y la gestión es más compleja, ya que siguen dos vías neuronales diferentes y complementarias. Las emociones tienen una característica psicológica, posiblemente una de las más importantes es la inmediatez, ya que son reacciones automáticas. Por otro lado, la emoción interviene en la detección de cualquier situación, actividad, estado de ánimo o inspiración. La emoción abre la puerta a todo. Por ejemplo, si al contemplar la naturaleza no te emocionas, pasarás de largo; si cuando ves una persona no te causa una cierta emoción por algún rasgo físico o intelectual, no te dirá nada; si te pones a leer un libro y no te causa ningún interés, no pasarás del título, u otras muchas situaciones cotidianas. El pensador José Luis Sampedro en una conferencia decía que la emoción abre las puertas a la razón. Por vía de la razón se pueden racionalizar tanto las emociones como los sentimientos para llegar a respuestas y conclusiones, y hacer un análisis emocional.

Consideramos que este impacto emocional, a menudo intenso e incluso exasperante, se puede educar sin forzar el cerebro. Es decir, comprimir las emociones, ya que ante cualquier realidad, acontecimiento o palabra se acostumbra a hacer una interpretación rápida, a veces fugaz y poco consciente. Otras veces, aunque parezca fugaz, persisten los efectos emotivos a flor de piel, como podría ser el llanto, la risa, sensaciones de buen grado o desagrado, placer… La experiencia emocional puede condicionar la recepción de nuevas emociones. Las acciones vitales inesperadas, tomadas con serenidad, pueden ayudar a relativizar hechos en sí mismos emotivos. Por otra parte, no todas las emociones recaen en la persona dentro de un estado de ánimo bajo o exaltado. Se puede pensar en la necesidad de lograr una cierta templanza que ayude a no desestabilizar el ánimo.

Podemos imaginar una cierta influencia del concepto que uno tiene de la vida a partir del trasfondo filosófico, religioso, ético… El desengaño o el desprecio de la propia existencia puede causar reacciones emotivas que tienen unas respuestas que pueden ser soportables o insoportables. Lo mismo se puede decir de la implicación social, en que la forma de pensar en los otros condicionará unas actitudes emotivas, defensivas o colaboradoras.

La madurez, ligada a la edad, a la formación, a la cultura o el ambiente puede condicionar de una manera u otra las vivencias emocionales de los infinitos momentos de las diferentes etapas de la vida.

Pretendemos en esta Cena ayudar a abrir una caja todavía muy cerrada de este mundo de las emociones, sabiendo que estas son muchas y de diferentes tipos, tanto positivas como negativas. En las emociones, el cerebro juega un papel decisivo a la hora de expresarlas. La psicología ayuda a reconocer y gestionar el cómo las vivimos y desarrollamos, ya que dependen muchas veces de un aprendizaje. En la formación humana es prioritaria la educación emocional como un proceso educativo, continuo y permanente para desarrollar tanto las habilidades sociales como emocionales.

Nos preguntamos: ¿Cómo identificar las propias emociones y las de los otros? ¿Cómo podemos adoptar una actitud positiva ante la vida? ¿Se pueden prevenir los efectos perjudiciales de las emociones negativas?

Josep M. Forcada Casanovas

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