El ejemplo del surf para gestionar incertidumbres

Por: Leticia Soberón
Psicóloga
Barcelona, junio 2020
Foto: Pixabay

Seguramente el post-Covid nos sitúa ante una de las disrupciones más importantes a las que nos hemos enfrentado, como generación en cuanto tal, los que hoy poblamos este planeta. La presencia del virus se añade a las situaciones críticas que ya vivíamos como humanidad –cambio climático, migraciones forzadas, polarización política, concentración de la riqueza, etc.– y se nos replantean prácticamente todos los aspectos de la vida mientras escasean las certezas en que podamos apoyarnos.

Muchos tienen la sensación de que el mundo se mueve bajo sus pies. Y en realidad es bastante así. Por eso debemos buscar pistas que nos ayuden a afrontar con más humor y flexibilidad esta circunstancia histórica.

Si tomamos el ejemplo de los surfistas, vemos que consiguen mantenerse por encima y hasta en la curva de las olas sin perder el equilibrio; más aún, aprovechan su dinamismo para ir adelante.

Puede parecer una anécdota sin importancia, pero aprender a deslizarse físicamente en un suelo que se mueve, seguro que les ayuda a afrontar de la mejor manera la vida en este post-Covid, que aún no sabemos cómo será. Igualmente los jovencitos que con sus monopatines, skateboards y snowboards se deslizan en suelos irregulares y vuelan por el aire jugando con el impulso de la pendiente. No son deportes para personas mayores, pero todos podemos aprender.

Aquí hay cinco pistas tomadas de estos fabulosos deportistas que nos pueden servir a nosotros.

  1. Mantenernos bien informados (sin excesos). La información sanitaria, económica y social de nuestro nuevo entorno es importante, aunque sin indigestarnos de datos. El surfista conoce el mar y el viento. Sabe cuándo puede salir con su tabla y cuándo conviene quedarse en casa para no arriesgarse inútilmente. Cada uno de nosotros debe conocer bien el mundo actual y sus cambios: en su ámbito de trabajo, las circunstancias sociales más relevantes, las tendencias importantes en el campo donde nos movemos. Si vivimos ajenos a las realidades que están impactando en nuestro trabajo, vida personal y entorno, cualquier ola nos hará caer sin que sepamos por qué.
  2. Re-conocerse a sí mismo. Lo pongo en segundo lugar porque es más fácil conocer lo de fuera que lo de dentro, pero hay que emprender esta tarea. Tras el confinamiento, todos hemos cambiado un poco. Y necesitaremos todos nuestros recursos para reaccionar en este nuevo escenario. El surfista sabe bien qué tipo de tabla ha de utilizar porque conoce sus límites y sus capacidades. No podemos ir por una sociedad cambiante si ignoramos nuestras fortalezas y debilidades, nuestras capacidades y aficiones. Re-conocerse a sí mismo también supone hacer un inventario de lo que nos gustaría hacer y hacia dónde nos gustaría ir con las nuevas posibilidades y cambios. Esto nos da fortaleza interior.
  3. Ejercitarse y aprender. El buen surfista se entrena a diario. Mantiene el cuerpo ágil y aprende nuevas técnicas de surf. Para cualquiera de nosotros es indispensable, en el momento actual, estar atentos y formarnos en lo que necesitamos. Ya se ha acabado el tiempo de estudiar unos años y aplicarlo el resto de la vida. No podemos instalarnos en lo que sabemos. Para aprender, no necesariamente se requiere hacer cursos formales y presenciales, puesto que hay toda clase de formación disponible en la red. Hay que mantenerse flexibles.
  4. Fijar unas metas. Cuando se desliza sobre las olas, el surfista aprovecha el impulso para ir en la dirección que quiere. Sube y baja en zigzag pero no pierde el norte. Si uno quiere ser una persona con una cierta robustez interior en la sociedad post-Covid, hipertecnificada y global, le es indispensable plantearse dónde quiere llegar, qué metas quiere conseguir. Tener unos objetivos posibles, aunque sean ambiciosos, nos hará mover con mayor seguridad en el entorno cambiante. Siempre, claro, revisando las metas en el momento oportuno si el viento nos viene en contra.
  5. No adentrarnos solos en ese nuevo entorno. Los surfistas solitarios no son muchos; casi todos comprenden la necesidad de estar acompañados y tener referencias para solicitar auxilio cuando las olas son muy altas. Seamos solidarios, ahora más que nunca, para afrontar esta nueva fase histórica.

El símil del surfista nos invita a no instalarnos en una estabilidad que ya no existe; a no poner nuestra confianza donde no la tenemos que poner. Seguramente todos tenemos algún recurso personal, alguna fortaleza a la que recurrir, y mucho que aprender para seguir el ritmo de nuestro tiempo, que probablemente es el más acelerado de la historia humana.

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