Gratuidad y vulnerabilidad

Por Ignasi Batlle
Empresario
Barcelona, junio 2020
Foto: Pixabay

 

Cuando mis hijos eran pequeños me preguntaban: «Esto qué vale?». Con mi respuesta ellos hacían sus mapas mentales, y al cabo de un rato me decían: «Pues por este valor podríamos tener una bicicleta nueva».

Hoy en día le pongo un valor a todo. Cada cosa tiene un valor en función del uso que le doy. Por lo tanto, la cuantificación de un valor más alto o más bajo depende de mis criterios. ¿Pero cuál le podríamos dar a la gratuidad? El filósofo Francesc Torralba, en su libro La gratuidad, afirma que: «Es gratuito aquello que no responde al interés, lo que se hace desinteresadamente, sin esperar algún resultado a cambio».

El valor de la gratuidad, nos lleva a tener una mirada que huye de la individualidad. Me pide salir de mí mismo hacia fuera para buscar al otro de manera generosa. Esto supone entregarme sin esperar nada a cambio. Esta actitud es como un puente, que avanza la construcción de su plataforma con la experiencia, y tiene como cimiento resistente la confianza.

Por otro lado, la gratuidad favorece mi vulnerabilidad, ya que quedo expuesto al exterior sin paraguas donde resguardarme. Es por eso que el riesgo de tambalearme es elevado. Por lo tanto, mi identidad es cuestionada y puesta a prueba con todas sus dimensiones. Este diálogo íntimo no solo es difícil de digerir, sino que también me genera un sufrimiento interior.

Asumir la vulnerabilidad, me acerca a mi límite. Es desde esta posición personal de reconocimiento, que el diálogo íntimo y personal me lleva a descubrir como soy. También me facilita entender cómo y porqué reacciono ante aquello que vivo. La gratuidad y la vulnerabilidad se convierten en el motor transformador de mi yo. Igualmente también es clave en mi proceso de crecimiento personal y social.

Para mis hijos, aquella bicicleta tan soñada se ha convertido con el paso del tiempo en referente para otras comparaciones. Les ayudó a crear su propio criterio. Ahora, alguna vez me han comentado que cosas tan pequeñas como un beso, un abrazo o una sonrisa, son totalmente gratuitas y tienen una gratificación muy elevada para todos aquellos que las recibimos.

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