Descubrir nuestra fraternidad en la existencia

Por: Assumpta Sendra Mestre
Directora Ámbito María Corral
Barcelona, julio 2020
Foto: Pixabay

Durante todo el curso en el banner de la página web del Ámbito de Investigación y Difusión María Corral se ha mantenido una frase: «Somos hermanos en la existencia por el mero hecho de existir.» Esta frase ha querido ser un homenaje al doctor Alfredo Rubio que nació el 12 de julio del año 1919 y murió el 7 de mayo del 1996. Por lo tanto, durante este año que hemos celebrado el centenario de su nacimiento, en diferentes formatos hemos querido recordarlo y agradecer todo lo que él creó y dejó como un legado de pensamiento para poder vivir gozosamente la propia existencia.

Él fue el creador del Realismo Existencial, considerado como una actitud ante la vida para que la persona valore toda su existencia real i concreta. El doctor Rubio decía: «Sentir que existimos, ante tantas posibilidades universales de no haber existido nunca, hacen brotar un éxtasi y, mucho probablemente a la vez una alegría, precisamente por existir en medio de la total oscuridad de la no-existencia.» Por lo tanto, el autor nos hace darnos cuenta de la sorpresa de existir, y tal como el escribe en la «Historia número cero» del libro 22 historias clínicas -progresivas- de Realismo Existencial: «Antes de mi engendramiento, en efecto, si algunas cosas (aunque pudieran parecer irrelevantes) hubieran ocurrido distintamente de lo que en realidad aconteció, habrían impedido las condiciones precisas para que empezara a existir ese algo que sería yo. ¡Cualquier hecho por nimio que fuera! Que mi padre hubiera declinado, por apetecerle más ir a otro sitio, la invitación a la fiesta donde se le cruzó por primera vez mi madre… O luego hubieran fijado la boda un tiempo más tarde… O después, aquel día, porque se hubieran enfurruñado, no hubieran hecho el amor… Cuando pienso, siento, que ciertamente podía yo no haber existido, un estremecimiento implacentero, me recorre la medula de mi ser. Y casi a la vez, en una oleada contraria, gozo la exultante alegría de ser, de existir…».

Una de las consecuencias primordiales de este Realismo Existencial es la fraternidad existencial, que él describía de manera simbólica más allá de una familia de sangre: «La familia es algo real, bueno, necesario, pero tiene que ser como un cilindro: abierto por la base a esta comunidad primigenia de todos en la existencia, abierto también por arriba con el fin de incorporar con solidaridad a sus miembros a toda la sociedad.»

Esta es una nueva mirada que hay que considerar para la convivencia humana. Solo tener en cuenta la familia de sangre como elemento básico de la sociedad provoca un reduccionismo y, a la vez, fácilmente se establecen divisiones entre las personas, clases sociales, razas, países, naciones… A causa de estas, a lo largo de la historia se han vivido tragedias, guerras… precisamente por no aceptar la existencia de los otros.

El doctor Rubio decía: «A todos nos hace falta descubrir nuestra fundamental fraternidad existencial. Encima de esta realidad, la familia, los consanguíneos, encontrarán justo su lugar. La familia no constituirá ninguna rotura en la convivencia que fluye de este manantial más profundo y gozoso que es existir codo a codo.»

Valorar la vida de los otros desde la hermandad basada en el hecho de existir es capaz de generar otro tipo de relaciones, en que se implica a la persona con un sentido más amplio de la libertad, el amor y la corresponsabilidad social. E invita a la generosidad por encima de elementos accidentales como la cultura, raza, etc., es decir, lo que nos hermana es la existencia que todos tenemos en común, el resto es lo que nos hace plurales dentro de la diversidad existente.

El presidente del Ámbito, Josep Maria Forcada, escribía en una editorial de la revista RE en catalán: «La hermandad puede ser una gran utopía, o puede ser una realidad llena de fantasía o una conjetura filosófica, algo que no compromete, es decir, una palabra estéticamente agradable. Puede ser también una expresión significativa de los lazos de sangre, a menudo débiles y frágiles. La hermandad de consanguinidad muchas veces tampoco es una maravilla. Bastantes hermanos, entre ellos, se comportan con crueldad por envidias, celos o rencores. Puede existir pero, una paradigmática forma de sentirse hermanado con otros bajo una pulcritud que hace que se establezca una relación afectiva digna e, incluso, pueda surgir la solidaridad con aquellos de los cuales solo tengo noticia que existen, pero no tengo trato personal directo.»

Jordi Cussó, director de la Universitas Albertiana, en su artículo «Fraternitat existencial base d’una societat post-Covid-19» publicado en el último monográfico MIRAR ENDAVANT de la revista RE en catalán escribe que: «El post-Covid-19 es una invitación a cambiar nuestra mirada de la realidad, a buscar lo que nos une y no las cosas que nos separan, a trabajar porque la fraternidad existencial sea la base de cualquier edificio social que tengamos que construir.»

Todo este recorrido de pensamiento invita a darnos cuenta de esta fraternidad existencial que nos iguala y que afortunadamente nos hace más solidarios. Durante la pandemia hemos podido comprobar y compartir muchos gestos solidarios, pero probablemente muchos los hemos percibido desde esta visión de la persona que ha invitado a mirar al otro como un hermano o como una hermana por el mero hecho de existir, por encima de las diferencias.

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