Evaluar la propia felicidad

Por: Pere Reixach
Especialista en Estudios del Pensamiento y Estudios Sociales y Culturales
Barcelona, octubre 2020
Foto: Pixabay

Me atrevo a preguntar al amable lector, con la confianza que me sabrá perdonar: ¿Es usted feliz? Pienso que la posible respuesta puede ser categórica: un sí o un no. También puede ser: depende, a ratos o bien unos días sí y otros días no. Más o menos, como sentenció, Jacinto Benavente: «La felicidad no existe en la vida. Solo momentos felices».

Si me dirijo al 67% de la población que padece síntomas de angustia o depresivos por la maldita Covid-19 fácilmente la respuesta sería similar al dicho de Miguel de Cervantes: «En los ánimos encogidos nunca tuvo lugar la buena dicha».

Hace aproximadamente 2.400 años, Aristóteles dijo que el hombre tiene derecho a ser feliz. Y hace 244 años, la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América reivindicó como derechos inalienables de los humanos: «La vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad». Con estas premisas, hombres y mujeres, también los pueblos, se han esforzado en encontrar la preciada felicidad. Sin embargo, ¿cómo saben si son felices?

La gente mayor quiere cifras, tal y como decia Antoine de Saint-Exupéry en El Principito. Continúa diciendo: «He visto una casa de ladrillos de color rosa, con geranios en la ventana y palomas en la azotea…». Es necesario que les digáis: «He visto una casa que vale tanto!». Entonces dicen: «¡Qué bonita!».

Poner cifras a un concepto etéreo como la felicidad es lo que hace cada año las Naciones Unidas a través del World Happiness Report, elaborado por la Agencia Gallup. No sé si la felicidad queda bien definida, pero los números mandan. En el informe 2020 referido al 2019, España ha bajado del puesto 21 al 30 entre 156 encuestados. No es buena la tendencia.

Sobre los seis factores que se evalúan, España ha obtenido la siguiente puntuación:

  1. Esperanza de vida: posición 3. Muy bien.
  2. Apoyo mutuo entre familiares y amigos: posición 26. Bastante bien.
  3. Renta per cápita: Posición 30. Bien.
  4. Generosidad –donaciones de dinero y voluntariado–: Posición 50. Regular alto.
  5. Percepción de corrupción: Posición 78. Mal.
  6. Libertad de elección individual: Posición 95. Muy mal.

Este último factor ha de preocupar muchísimo a todos los profesionales que de manera más directa se ocupan del bienestar y desarrollo económico, social, emocional, mental y espiritual, de las personas que tratan. En definitiva, los profesionales que procuran felicidad.

Sin saber por qué, no son libres de elegir su destino y cómo poder lograrlo, es la premisa básica para la propia felicidad. Una tarea difícil, pero irrenunciable. Por esta razón me permito recomendar el libro Historia económica de la felicidad (Editorial Crítica, Barcelona 2020) de Emanuele Felice, profesor de Economía y Política Económica en la Universidad “G. D’Annunzio” Chieti-Pescara. Desde el hombre cazador-recolector hasta nuestros días va desgranando, en esta enciclopedia de la felicidad, a través de 352 páginas y con 54 de notas, cómo la humanidad, detrás del anhelo de felicidad, se ha deshecho de servidumbres y cómo al mismo tiempo, ha asumido otros. Un verdadero compendio de historia de la humanidad con sus afanes y anhelos. La perspectiva que da el libro se convierte en una herramienta imprescindible para todo aquel que de verdad quiera poner su granito de arena para procurar un mundo donde los humanos podamos buscar y encontrar la propia felicidad.

Os invito a realizar un examen de la propia felicidad en base a los seis factores del informe. Sería una buena manera de posicionar el nivel personal de felicidad. Tal y como dijo Abraham Lincoln: «Casi todas las personas son tan felices como el firme propósito de que tengan de serlo».

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