«Los equipos crecen cuando las persones crecen»

 Por: Àngels Roura Massadena
Coach de equipos, executiva y personal. Màster Trainer en PLN (Programación Neurolingüística). Psicopedagoga y maestra
Barcelona, abril 2017
Foto: Àngels Roura

Esta frase «los equipos crecen cuando las personas crecen» aparece prácticamente en todos los procesos que facilito y en todas las formaciones que imparto. La digo de entrada porque si alguna cosa frena los equipos es el lastre de las resistencias personales: aquella parte de nosotros que no estamos dispuestos a mover, a no ser que nos veamos obligados a ello por un motivo imperioso o per un hecho crítico.

¿Cuáles son las resistencias personales –conscientes o no–?

  • Miedo, inseguridad, incerteza…
  • Baja autoestima, no confiar en uno mismo, hipersensibilización…
  • Alta autoexigencia, comparaciones, desconsideración…
  • Ego crecido, narcisismo, competitividad, escasa empatía…

A menudo, oyendo la frase que encabeza el artículo, hay personas que expresan con el cuerpo o verbalmente su desacuerdo justificando que una cosa son los temas del trabajo y otra bien distinta son los personales. Pero, resulta que para que el equipo crezca requiere una actitud personal concreta y un trabajo (también personal) que garantice las condiciones idóneas para poder construir.

No podemos construir en firme desde la posición de sentirnos pequeños, inferiores, poca cosa respecto a. Eso nos pone a la defensiva, lo interpretaremos todo desde la desconsideración hacia nosotros, desde el cuestionamiento a lo que decimos o proponemos. Entonces no aportaremos y, además, nos sentiremos poco considerados.

Tampoco podemos construir desde la alta autoexigencia y el perfeccionismo que estresan y lo cuestionan todo bajo el ojo de la supervisión, control, exigencia en constante aumento que lleva a la insatisfacción crónica.

Desde aquí, las comparaciones están en el orden del día, así como el sentimiento de injusticia: ¿por qué yo doy el cien por cien y el otro el setenta por cien? ¡Es injusto! ¡Todo el mundo debería dar lo mismo que yo!

Situados en la alta autoexigencia nos mostramos distantes: prevalecen los resultados. Nos cuesta mostrar empatía, nos resulta difícil no tenernos a nosotros mismos como referente de corrección. Porque lo que hacemos nosotros es «lo que toca» y quien no lo hace así se equivoca, lo hace mal o, simplemente, ¡no sabe nada!

Entramos en otro sitio peligroso: el del ego crecido que se alimenta del orgullo y de la autocomplacencia. Este se siente tan identificado con el orgullo que nada que no sea él mismo vale la pena considerar.

Desde aquí, cualquier propuesta diferente, cualquier interrogante será interpretado como algo sin sentido (desconsideración y empatía cero) o bien como un ataque personal a mi persona (¡este yo que lo hace todo tan bien!).

El orgullo está tan centrado y aferrado a sí mismo que no tiene la distancia suficiente para poder ver, con un poco de perspectiva, lo que sucede en su entorno ni tampoco verse a sí mismo ni poder reconocerse. Solo mira hacia afuera, solo sabe culpar a los otros y tirar pelotas fuera. Y cuando se siente atacado y herido se activan los recelos, las envidias y las malicias que dificultan las relaciones humanas.

Conocerse a uno mismo, saber cuál es nuestro «talón de Aquiles» es necesario. Es cierto, que no siempre estamos dispuestos a observar nuestro punto débil porque nos escuece, nos cuesta y nos resistimos a aceptar aquella parte de nosotros que nos incomoda o desagrada. Pero trabajar lo que duele es bueno.

Cuando las personas de un equipo tienen la suficiente humildad y honestidad para aprovechar los procesos de equipo para crecer personalmente, los resultados acaban acompañando siempre. Siempre es siempre. Y lo podemos decir en el sentido contrario: los equipos en lo que hay personas que ofrecen resistencia a conocerse y a mejorar personalmente porqué consideran que el equipo y ellas son parcelas independientes, representan un freno importante para el equipo. Justo cuando las personas se creen de verdad que su mejora personal es garantía y condición para que el equipo crezca; justo en este punto es donde los frutos del trabajo en equipo serán buenos.

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